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25 de octubre de 2017

La Iglesia no acepta como excusa un "dolor de cabeza" para no tener sexo

Isabel y Gonzalo se han casado este sábado por la Iglesia. Después de seis años de noviazgo se dieron el “sí quiero” rodeados de su familia y amigos. Esta pareja, creyente y practicante, ha cumplido los preceptos de la Iglesia, entre ellos realizar un curso prematrimonial de adaptación de la pareja a los valores cristianos.

Lourdes Ruano Espina, catedrática de Derecho Canónico y Eclesiástico del Estado de la Universidad de Salamanca, define el cursillo como “una preparación para el sacramento del matrimonio. En él se imparten enseñanzas sobre los aspectos fundamentales del matrimonio: el significado del matrimonio cristiano, los fines, propiedades y bienes del matrimonio, la liturgia de la celebración de la boda, cuestiones sobre la vida afectiva y sexual del matrimonio, temas jurídicos, espiritualidad matrimonial y otros semejantes”.

Sin embargo, Isabel confiesa que durante el fin de semana que su novio y ella realizaron el cursillo el tema central fue el sexo. La importancia de no practicarlo antes de la “noche de bodas” y de consumarlo con el fin de tener hijos y no por placer. Además, al finalizar la catequesis, hicieron un examen de 40 preguntas sobre los asuntos tratados el fin de semana, donde casi la mitad del cuestionario trataba sobre las relaciones sexuales entre los cónyuges.

Ruano Espina ha participado en catequesis de novios durante 18 años y desde Teinteresa.es hemos querido analizar algunas de las preguntas que aparecen en el “examen” que se hace a los novios antes de contraer matrimonio con su colaboración, aunque la catedrática afirma que en ninguno de los cursos donde ha participado ella se ha realizado test alguno.

A continuación, aparecen algunas de las preguntas que Isabel, contestó de forma errónea en el test que realizó en la Basílica de San Miguel (Madrid) y la explicación de Ruano Espina.

Cada esposo debe aceptar el requerimiento sexual del otro aunque consumar la unión le suponga inconvenientes leves VERDADERO

El matrimonio implica entrega y aceptación mutua entre los esposos, en una donación total y oblativa, y de hecho, por su misma naturaleza, el matrimonio se ordena a dos fines que son inseparables: el bien de los propios esposos y la generación de nuevas vidas. En el matrimonio cristiano, el sacramento se perfecciona plenamente cuando los esposos realizan el acto sexual abierto a la vida, y se renueva cada vez que lo realizan.

En caso de impotencia previa a la boda, si los dos deciden casarse así, el matrimonio es válido FALSO

La impotencia, es decir, la imposibilidad de tener relaciones sexuales, si es previa al matrimonio y es incurable, constituye un impedimento para contraer matrimonio canónico, por su misma naturaleza. Ello implica, en principio, que el matrimonio contraído con este impedimento, sería nulo. No obstante, en determinados casos en que ambos contrayentes, con una fe adulta y madura, han decidido contraer matrimonio aceptando esta imposibilidad, la Iglesia ha “tolerado”, mediante un acto de la autoridad eclesiástica, la celebración del matrimonio. No se trata, en este caso de una “dispensa”, puesto que el impedimento de impotencia no admite dispensa, sino de un acto de “tolerancia”, en casos, como digo, excepcionales.

Casarse da derecho, además de al acto sexual, a tener hijos FALSO

Ni el acto sexual ni los hijos son un “derecho”. El acto conyugal es consecuencia del amor entre los esposos; los hijos son fruto de ese amor, que es fecundo, cuando Dios, que es el creador de la vida, concede a los esposos concebir.

Es acto de amor conyugal la unión sexual usando anticonceptivos FALSO

Concibo el acto conyugal como un acto de entrega total y aceptación del/la esposo/a, como un acto pleno de amor. La utilización de anticonceptivos, en términos generales, termina pervirtiendo ese acto de amor, que terminaría convirtiéndose en un acto en que cada uno se busca a sí mismo. De hecho, la utilización de anticonceptivos en las relaciones conyugales es la fuente de muchas frustraciones dentro del matrimonio y la raíz de muchos fracasos matrimoniales. Realizar el acto sexual con tu esposo/a poniendo barreras a ese acto de amor termina pasando factura a los propios esposos.

Es correcto el uso de anticonceptivos por graves motivos que aconsejen no tener más hijos FALSO

La Iglesia admite la paternidad responsable, en situaciones en que, por las circunstancias en que se encuentran los esposos (y sin cálculos egoístas) se hace aconsejable diferir la procreación.

La enfermedad hereditaria de un hijo es una bendición de Dios VERDADERO

Para el cristiano, el sufrimiento, o la cruz, no es un castigo de Dios ni una maldición. Al contrario. El cristiano sabe que el sufrimiento tiene un sentido redentor, ya sea la enfermedad física, psíquica, o cualquier otro tipo de sufrimiento. En el dolor, en el sufrimiento, en definitiva, en la cruz, es donde de una forma más clara el hombre se encuentra con Cristo, se une a Él y completa la obra de la redención. Esto no significa que Dios quiera el sufrimiento de los hombres, pero a veces lo permite precisamente por amor a cada hombre. Este es un misterio (el misterio de la cruz) que resulta imposible entender sólo con la razón, si no está iluminada por la fe.

Es lícito el ejercicio sexual del amor entre solteros FALSO

El acto sexual tiene un sentido concreto y precioso en el matrimonio cristiano, porque realiza plenamente el sacramento. Es un acto de amor, en que los esposos se hacen una sola carne, que tiene una doble finalidad, por su misma naturaleza: unitiva y procreadora. Por esta razón, la relación sexual es algo tan bello y tan bueno, que está reservada al matrimonio. Creo que en el tiempo en que vivimos, la sexualidad se ha banalizado tanto, que se ha empobrecido la capacidad del hombre para amar, desde el respeto y la donación mutua, y se está mutilando la sexualidad, quedando en muchos casos reducida a pura genitalidad.

Como se deduce del test, decir no al acto sexual es poco factible. “El me duele la cabeza” o “el estoy cansado” no vale para no consumar si tu pareja lo quiere. Los anticonceptivos “pervierten” el amor que se escenifica durante el acto sexual. Los hijos son fruto del amor cuando son concebidos tras la bendición de Dios. Y las relaciones que se tengan fuera del matrimonio, ilícitas.
Fuente: Te Interesa.es/  TERESA DÍAZ
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