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5 de octubre de 2017

¡FUERZA PUERTO RICO! SON MÁS GRANDES QUE UN PRESIDENTE

Por Marcela Jiménez Avendaño

Me causa especial dolor la crisis por la que hoy pasa Puerto Rico tras el paso del huracán María hace ya dos semanas.

Tengo fantásticos amigos puertorriqueños. Nos han acogido a mi hijo y a mí como familia. Hemos compartido sus costumbres y tradiciones, su deliciosa comida y música y, más que otra cosa, esa alegría tan latina, pero al mismo tiempo tan suya.

Seguir día a día las carencias, destrucción y desolación que se vive en la isla, es devastador.

Pero creo que lo que más me ha indignado y lastimado fue la actitud asumida por su Presidente, Donald Trump -recordemos Puerto Rico es un territorio estadounidense no incorporado con estatus de autogobierno-.

Durante 10 días, los puertorriqueños habían solicitado ayuda inmediata. La respuesta: una total falta de interés. Trump, muy a su estilo, decidió que era mucho más prioritario entablar un pleito con los jugadores de la NFL (en su mayoría de color) quienes antes de sus partidos se hincaban durante el himno nacional, en repudio a las declaraciones y acciones racistas del Presidente

El fin de semana pasado decidió, finalmente y tras numerosas críticas y señalamientos, tocar de lleno el tema Puerto Rico, pero desde su residencia y campo de golf en New Jersey y obvio, por qué no, en twitter.

Esta red social se volvió nuevamente víctima de su creatividad y buenas maneras. Empezó por insultar a la alcaldesa de San Juan quien clamaba por ayuda; luego se dedicó a culpar a los medios de comunicación por la mala prensa en su contra. Claro que antes de eso ya había culpado del desastre a la deuda de la isla y su mala infraestructura.

Tras todas estas desatenciones y groserías, este martes se dignó presentarse en la isla y cumplir con el protocolo político de atención personal a las víctimas.

Y todo empeoró, mejor no lo hubiera hecho. Resultó una infame visita, más parecía una burla a los damnificados que un ejercicio de consuelo. De inicio solo fue a los lugares en donde la destrucción era menor; minimizó la magnitud de la situación al decir que no era una catástrofe real pues el número de vidas perdidas era muy bajo en comparación con lo ocurrido con el huracán Katrina; y luego en un derroche de miseria humana, se dio el lujo de lanzar papel de baño a los damnificados. Cuanta inhumanidad, cuanto narcisismo. ¡Qué miserable!.

Como no va a ser una real catástrofe si el 90% de los hogares sufrieron daños; se destruyó por completo la red eléctrica; la mitad de la población no cuenta con agua potable; el 88% de las antenas de telefonía móvil siguen sin servicio; y hay un importante desabasto en productos de primera necesidad (alimentos, medicamentos, combustibles).

Si bien es cierto, tampoco nosotros tenemos mucho o nada que presumir con nuestra clase política dirigente, la verdad es que al menos, aparentan preocupación y sus palabras están enmarcadas dentro de lo políticamente correcto.

En definitiva, no soy ni por mucho fan de Peña Nieto, muy por el contrario, pero entre él y Trump, a ojos cerrados me quedo con el primero. Y no porque prefiera la hipocresía de las palabras y acciones, sino porque no concibo tan poca capacidad política y sentido de la oportunidad en quien gobierna una de las grandes potencias de nuestro tiempo. Claro que no estoy hablando de calidad humana, ninguno la conoce.

Solo puedo despedirme con la frase de poder con la que mi país ha salido a la calle para ayudarse unos a otros tras el terremoto del 19 de septiembre pasado: “Fuerza Puerto Rico”, sus hermanos mexicanos estamos con ustedes.
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