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24 de septiembre de 2017

¿Por qué no un decreto para mantener casonas en Centro histórico?

JUICIO Por Mauro González Rivera.


Urge una alternativa viable que respete la condición de Patrimonio Histórico y las vías jurídicas.

No es ningún atentado al Patrimonio Cultural de la Humanidad, reconocer que en Puebla, los casatenientes dueños de infinidad de viejas casonas enclavadas en el Centro Histórico, se mantengan de pie, destruyéndose poco a poco, desde hace varias décadas, solamente con el propósito de que estas se vengan abajo por sí mismas y los propietarios voraces como siempre puedan hacer negocio con la venta de los predios a los precios que se cotizan comercialmente.


Esta situación la conocemos todos los poblanos y el gobierno lo sabe mucho mejor que el pueblo. Claro, existe una riqueza arquitectónica de incuestionable valor histórico, pero la gran mayoría de las viejas casonas se encuentran en ruinas y sus propietarios esperan a que caigan en pedazos, sin intentar siquiera, cosa ya imposible a estas alturas, su mantenimiento o una bien ejecutada remodelación.

¿Esperan que “papá gobierno”, cargue con el muerto y el peso de sus intereses e irresponsabilidades?

Así las cosas y resultado de la monumental tragedia que se vive en Puebla por los daños que arrojó el terremoto del pasado 19 de septiembre, en charlas de café y pláticas de bares y cantinas, y en otros tantos lugares de reunión pública, se comenta que algo debe hacerse ¡ya!, por parte de las autoridades para emitir un decreto que dé paso a la demolición de tantas propiedades que están en ruinas y a punto de venirse abajo para sumar mayores tragedias.

Se da por entendido que una decisión de esta importancia, deberá estar muy bien aleccionada, sustentada jurídicamente, cumpliendo con las normas hasta el último detalle que dicta al respecto la UNESCO, en relación al Patrimonio Cultural de la Humanidad, que guardan tantos países.

Claro que los charlistas o conversadores de café o cantina, no son expertos en estos asuntos del patrimonio histórico, menos son especialistas en la diversidad de los temas jurídicos que giran en torno a este asunto, pero tal vez les asista la razón cuando hacen referencia a las centenas de viejas casonas, catalogadas en su gran mayoría, que durante décadas no han sido objeto de la mínima reparación por parte de sus propietarios, vaya ni siquiera para echarle mezcla a los huecos que debilitan sus muros pese a los grandes tabicones y piedras de las que están hechas sus construcciones y que cada día se van desprendiendo de sus añejas estructuras.

Hay pandillas enviadas por manos misteriosas, que de las calles de Puebla se han robado de las viejas casonas antiguos y valiosos azulejos de talavera que adornan sus fachadas, han traficado con viejos portones, aldabones y muchas cosas más.

Como punto final comentan de la hermosa casona en ruinas de la avenida 14 Oriente, entre las calles 2 y 4 Norte, que forma parte de las propiedades de la Fundación Hackenbed. Esta se encuentra “habitada o protegida” en el segundo piso de parte de varios agentes de seguridad para que a nadie se le ocurra entrar, según denuncian los vecinos de la zona. No se sabe cuáles son los fines que persiguen quienes ordenaron su custodia. Sus interiores están desechos y la fachada a punto de caer.

La casa en tiempos de “no vigilancia”, fue refugio de maleantes y drogadictos, que se daban a la búsqueda de tesoros escondidos y le hicieron hoyos por todas partes.

Ojalá se dieran algunas reflexiones que se hicieran públicas por parte del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH); de las autoridades gubernamentales en sus tres niveles de gobierno y de las organizaciones que dicen estar al frente de la defensa del Patrimonio Arquitectónico y Cultural de Puebla.
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