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13 de septiembre de 2017

Los nidos para espiar; Moreno Valle los avaló. Al Portador, Por Alejandro Mondragón


A todo espionaje corresponde un contraespionaje.

Eso lo empleó el entonces gobernador Rafael Moreno Valle para vigilar a los enemigos, pero en particular a los aliados y empleados.

Moreno Valle jamás confió ni en su propia sombra. Dos fueron las etapas desarrolladas. Una del 2011 al 2013 y la otra del 2014 hasta la fecha.

La primera enfocada a Puebla para controlar a enemigos, amigos, empresarios, políticos y periodistas. Ésta se encuentra a cargo a Héctor Arrona (actual tesorero municipal), quien llegó a operar el Centro de Análisis Prospectivo, por recomendación de Jorge Tello Peón, considerado el Gutiérrez Barrios del sector privado.

Arrona reportó directamente a la Secretaría General de Gobierno, aunque Tello dejó de asesorar a Moreno Valle por choque de intereses, pues optó por seguir al servicio del Grupo Monterrey.

La segunda, el contraespionaje, se encuentra muy ligada al proyecto presidencial 2018. La inteligencia se extiende a estados claves en votación, como Distrito Federal, Estado de México, Veracruz, Jalisco, Nuevo León y, por supuesto, Puebla. En cada entidad existen nidos.

Se instalaron oficinas para ver y escuchar a adversarios, aliados y, sobre todo, a quienes se perfilan como potenciales competidores para el 2018.

Esta labor se encomendó a Joaquín Arenal, viejo espía del sistema, ex delegado del CISEN en Puebla, quien se ligó al morenovallismo de la mano del primer secretario de Seguridad Pública, Ardelio Vargas Fosado.

Ambos se conocieron en el Centro de Investigación y Seguridad Nacional, fundado por el también asesor del gobierno de Puebla, Jorge Carrillo Olea, quien es muy cercano a Jorge Tello Peón.

Arenal laboró en el gobierno de Vicente Fox como director de Investigación del CISEN, cargo que dejó cuando fue descubierto interviniendo comunicaciones del exgobernador de Chihuahua, Patricio Martínez García.

Luego fue designado jefe de la Oficina de Investigación Aduanera de la Administración General de Aduanas, de la que salió tras la confiscación de 207 millones de dólares al empresario mexicano de origen chino Zheli Ye Gon, producto del tráfico de efedrina y otras sustancias usadas para elaborar metanfetaminas, y en 2008 regresó al CISEN como director de Seguridad, es decir el área de contrainteligencia, desde cual se dedicó a espiar a personajes como el entonces senador Manlio Fabio Beltrones.

Arenal estuvo a cargo del contraespionaje a personajes nacionales de cara a la sucesión presidencial del 2018. Amigos y enemigos. Es lo que hoy reventó en las manos con 420 conversaciones, algunas de ellas muy comprometedoras, recabadas entre 2014 y 2016.

EL VECINO DE LA MAESTRA

Nada escatimó Moreno Valle en la instalación de su sofisticado sistema de espionaje y contraespionaje, que incluyó personal capacitado desertor de las áreas de inteligencia del ejército y gobierno federal.

También equipo de primer nivel que abarcó vigilancia, comando israelí, conversaciones telefónicas, filmaciones, seguimiento vía correo electrónico, mensajes de texto y hasta redes sociales.

Buena parte del equipo comenzó a llegar desde la campaña del 2010, pero se fortaleció entre 2011 y 2012.

Un personaje que hoy enfrenta 26 cargos criminales en Estados Unidos fue factor clave en la asesoría del sistema. Su nombre: José Susumo Azano.

Este personaje que nació en Jalisco, de padres asiáticos, fue de los principales financieros de la campaña a la gubernatura de Moreno Valle.

Quien vinculó al hoy gobernador y empresario dueño de la firma Security Tracking Device, fue la mismísima Elba Esther Gordillo.

La maestra era vecina de Azano en la zona exclusiva de Coronado, Estados Unidos.

A la casa de Azano, ubicada en el número 8 de Green Turtle Road, muy cerca de la de Elba Esther, acudían para definir apoyos para el poblano.

Pero además, fuentes federales confiaron al reportero que el bunker de Azano, ubicado en Paseo de las Palmas 405, Piso 9, colonia Lomas de Chapultepec, delegación Miguel Hidalgo, código postal 11000, en el Distrito Federal, sirvió para vigilar los movimientos del entonces candidato del PRI a la Presidencia, Enrique Peña Nieto.

Desde ahí se reunían políticos opositores al PRI para espiar y armar campañas negras contra el tricolor, particularmente en redes sociales.

El sitio Intelligence and Analysis Group señala que la alianza Elba Esther y Susumo Azano, permitió el financiamiento en buena parte de la campaña de Moreno Valle.

Fuentes consultadas afirman que también desde las oficinas marcadas con los números 1101, 1102, 1103 y 1104, en el piso 11 del inmueble ubicado en Avenida Paseo de la Reforma número 2608 de la Colonia Lomas Altas, en la delegación Miguel Hidalgo en la Ciudad de México, se opera parte de la inteligencia morenovallista.

Fuente: Status Puebla
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