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22 de agosto de 2017

Política patrimonial. Por Soleares. Por Jesús Manuel Hernández



Quizá sea la llegada de los banqueros, empresarios y frustrados caciques, pero desde hace un tiempo los poblanos vienen sufriendo de la práctica de la política como patrimonio de unos cuantos, como si de una Casa Real se tratara, donde los virreyes se despachan con la cuchara grande para beneficiar a sus favoritas y favoritos, empezando por los familiares.

Los casos se dan lo mismo en el PRI que en el PAN y ahora asoma el rumor de que también en otros partidos podría debutar la política al estilo del virreinato poblano.

A raíz de la llegada del PAN a Los Pinos es que los gobernadores asumieron un papel preponderante en la manera sobre cómo operar y resolver los asuntos de la política al margen de la línea presidencial, sobre todo en el caso de los priístas que de alguna manera quedaron olvidados a su suerte al verse descubiertos de la enorme sombrilla presidencial.

En estos 18 años ha surgido una nueva generación de políticos al amparo de los líderes locales, algunos con poder real y otros en Francia negociación para desbancar a quienes han detentado el poder.

Uno de los casos más notables ha sido el de la familia Morales Flores, de raíces profundamente priistas, pero con suficiente visión para acomodarse a los nuevos liderazgos y con ello permitir que la capilaridad social les beneficie en todo lo alto y hayan logrado mantenerse al menos tres sexenios con una gran influencia en la comunidad.

El caso del ex gobernador Moreno Valle es menos notable pero más eficiente, primos y parientes de primer grado, como su esposa, están en la antesala de las candidaturas con lo que podría darse el caso de una verdadera “herencia” del poder político como sucede aún en las Casas Reales de la monarquía europea. Otros casos son los de la familia Rodríguez-Regordosa-Álvarez. Lo de los méritos es lo de menos.

Pero no sólo los panistas van en esa línea, en el partido tricolor poblano asoma la cabeza el grupo de Blanca Alcalá, una mujer metida en la política por obra y gracia de Mariano Piña Olaya y quien gracias a su desempeño escaló otras posiciones con Bartlett y alcanzó la Presidencia Municipal con Mario Marín Torres, que la vio más como una salida digna para perder la plaza frente a Antonio Sánchez Díaz de Rivera, quien protagonizó una de las peores campañas en la ciudad y le dejó el camino libre a Blanca.

Su frustrada candidatura al gobierno de Puebla, pese a tener buenos números en el arranque, ahora se prolonga por la vía diplomática, pero ejerce, como los otros, el mismo derecho de tanto de continuar con la presencia familiar en la actividad política. Su hija, primero regidora, ahora se proyecta para una posición en el partido, como intentando decir que, ante la ausencia de los sectores tradicionales del PRI, son ahora las familias, los grupos de poder, los que deben ser compensados.

Y así puede crecer la lista de cómo los hijos, los hermanos, las nueras, los yernos y hasta las favoritas, pueden ir escalando posiciones dentro de un sistema político decadente, donde los presidentes de partido hacen a sus hijos regidores o diputados, un sistema que ha cerrado las puertas a la concurrencia de los otros, y se encierran en un concepto, donde la familia es primero; la política, a fin de cuentas, para ellos, es un patrimonio más en el caudal heredado. Por eso, como dice Pedro Ferríz, “tenemos partidos malos y caros”.

Claro que lo de la afiliación masiva del PAN en Puebla, es uno más de los síntomas de cómo la familia real manipula a los súbditos.
O por lo menos así me lo parece


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