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7 de agosto de 2017

Movimiento de Lastiri contra “el dedazo” no es reconocido por el CEN del PRI


CUITLATLÁN.Por Fermín Alejandro García.

Enrique Ochoa Reza, el presidente nacional del PRI, ha dedicado los últimos días a reunirse con todas las disidencias y grupos inconformes del tricolor para evitar que la próxima semana, durante la 22 Asamblea Nacional del partido, brote el malestar contra la falta de democracia en esta fuerza política. Algo que llama la atención, es que entre todas esas expresiones no fue incluida la de Juan Carlos Lastiri Quirós, el subsecretario de la Sedatu, quien exige consulta a las bases para elegir candidatos. Tal situación exhibe que la dirigencia priista no registra el movimiento del político poblano y no se le reconoce ningún potencial.

En general el priismo poblano no se encuentra entre los “focos rojos” del PRI, lo cual es una muestra más de como el tricolor es una fuerza política domesticada por el ex gobernador Rafael Moreno Valle Rosas.

Ochoa enfrenta tres tipos de reclamos rumbo a la 22 asamblea: que no existe reglas clara para elegir al próximo candidato presidencial; que no hay “piso parejo”, es decir equidad, en los procesos para designar aspirantes a puestos de elección popular; y que en algunos comités directivos estatales y en varias organizaciones del tricolor no hay institucionalidad, ya que no se han cumplido con la renovación de las dirigencias.

Por esa razón en los últimos días –según relatan Reforma y La Jornada– el presidente del Comité Ejecutivo Nacional del PRI se ha reunido con grupos priistas de Michoacán, la Ciudad de México, Oaxaca, Tamaulipas y Nuevo León, así como ex gobernadores, los dirigentes del Movimiento Territorial y la Confederación Nacional Campesina, junto con las agrupaciones Alianza Generacional y Alternativa, entre otros, para evitar que su malestar lo expresen en la próxima Asamblea Nacional, la cual se encuentra a la vuelta de la esquina.

Se supondría que el priismo poblano tendría que estar en esa lista de militantes enojados, luego de que priva en el ambiente la idea de que el PRI y el grupo de Rafael Moreno Valle Rosas ya pactaron un triunfo a favor del PAN en la renovación de la gubernatura de Puebla en el año 2018. Sin embargo, su silencio es una muestra de que los miembros del tricolor se dividen entre los que están controlados por Rafael Moreno Valle Rosas y los que le tienen miedo a enfrentarse al ex mandatario.

El único que se atrevió a alzar la voz es el diputado federal Alejandro Armenta Mier, quien renunció al PRI luego de sufrir el hostigamiento de César Camacho, el coordinador de la fracción priista en San Lázaro, lo cual provocó que el legislador migrara a Morena, junto con importantes líderes sociales que simpatizaban en el tricolor.

Hace un par de semanas, Enrique Ochoa se reunió con los aspirantes a la candidatura a la gubernatura de Puebla. El encuentro fue para dejar en claro que el proceso de selección del abanderado no ha comenzado. El encuentro se redujo a dos asuntos: la mayoría de los asistentes se quejó de la actitud de Juan Carlos Lastiri por su adelantado proselitismo y demandó que el comportamiento del subsecretario de la Sedatu no divida al PRI.

Nadie tuvo la capacidad, o mejor dicho la valentía, de exponer el cínico control que Rafael Moreno Valle Rosas tiene de dirigentes, legisladores y alcaldes del PRI, quienes se dedican a ser parte del entramado de intereses políticos y económicos del morenovallismo.

Cuando Juan Carlos Lastiri tomó la palabra fue para sostener que él trabaja por la unidad del PRI y quiso exponer que su movimiento, llamado Decisión Puebla 2018, se ha desplegado en todo el estado para exigir la consulta a las bases para elegir al próximo candidato a gobernador. La exposición de sus motivos fue tan blandengue que nadie lo tomó en cuenta. Sus argumentos carecieron de fuerza y sonaron más a un slogan de campaña propagandística, que a la existencia de un verdadero movimiento de rebeldía, de inconformidad, de exigencia real entre la militancia del partido tricolor.

Ochoa de inmediato atajó y le aclaró a Lastiri que los métodos para elegir candidatos a gobernador ya están definidos, que no es necesario reclamar nuevas vías. Fin del tema.

Lo que llamó la atención fue que Lastiri se mostró timorato, apagado, sin argumentos para reclamar mayor atención del presidente nacional del PRI.

Para la mayoría de los asistentes las palabras de Ochoa hacia Lastiri sonaron más a un regaño que una respuesta a un líder del partido.

La actitud asumida por Lastiri fue la de un burócrata regañado, reprendido, callado, por el jerarca del PRI.

Y la mayoría de los asistentes rieron, se sintieron satisfechos, por el desaire hacia el ex alcalde de Zacatlán y actual subsecretario de la Sedatu.

Hasta ahí llegó el supuesto ejercicio de rebeldía de Lastiri contra “el dedazo” en la elección del candidato a gobernador.

Fue una muestra clara de que el movimiento de Lastiri no es reconocido y no tiene peso alguno.
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