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30 de agosto de 2017

El tercer ojo.Por Soleares Por Jesús Manuel Hernández



Corría el mes de noviembre de 1998, el grupo selecto de asesores y futuros colaboradores del gobernador electo Melquíades Morales Flores se reunía en los salones privados del Centro de Negocios del Hotel Presidente; “el joven” Rafael, así le decía Melquíades, acababa de regresar de viaje y traía en su maltea una novedad, el libro de Robert Greene, “The 48 laws of power”, aún no lo subrayaba, pero se lo mostró al equipo de transición que esa noche enfrentaría a los hombres de Manuel Bartlett.
Al cabo de unos meses en la oficina del gobernador en Casa Puebla apareció la primera edición traducida al español, “Las 48 leyes del poder”, un regalo del flamante Secretario de Finanzas y Administración Pública. El gobernador lo hojeó, y a sus más cercanos, Víctor Giorgana entre ellos, les comentó sobre las recomendaciones hechas por “El joven” para estar en la modernidad de la política.
En el edificio de Finanzas se popularizó el libro, sobre todo entre los llamados “hombres de negro”, el reducido grupo que frecuentaba comidas y cenas, grillas y proyectos futuros de quien ya desde entonces apetecía ser gobernador de Puebla.
Y alguna vez mostró algunas de las frases que más le habían motivado a crear un sistema de control e información a través de una de las áreas donde por cierto participaron algunos investigadores del Cisen, caciques y periodistas.
Una de las frases remarcadas en amarillo decía “Es fundamental conocer a nuestro rival. Debemos utilizar espías para obtener información valiosa e ir siempre un paso adelante. Mejor aún: hacemos el papel de espía nosotros mismos…”.
“El joven” Rafael se regodeaba repitiendo otras sentencias más, contenidas en el libro que acabó por convertirse de cabecera en los siguientes años.
“En el terreno del poder, el objetivo es controlar hasta cierto punto lo que va a ocurrir en el futuro. Lo malo es que la gente no está dispuesta a contarnos todos sus pensamientos, emociones y planes… el truco es encontrar la forma de sonsacar información, descubrir sus secretos y sus intenciones, sin dejarles saber lo que estamos haciendo”.
La anécdota viene como anillo al dedo con la revelación hecha hace unos días sobre el sistema de espionaje creado durante la administración pasada donde el descontrol acabó por asomar la cabeza y dejó en claro que el espionaje no fue sólo una herramienta para combatir a los enemigos políticos, sino para mantener a raya a los amigos más cercanos, pues, como dice el mismo libro: “No hay que fiarse nunca de los amigos -le traicionan a uno con mayor rapidez, porque sienten envidia con facilidad-… pero si se contrata a un antiguo enemigo será más leal que un amigo, porque tiene más que demostrar…”.
Resulta más que obvio que durante seis años el círculo cercano se mantuvo a raya por la cantidad de información que el gobernador poseía de ellos, sólo así garantizó la lealtad y la eficacia en las operaciones. Salvo en el caso de Fernando Manzanilla quien ahora asume un papel protagónico en la revelación del sistema de complicidades originadas por el manejo del espionaje. El resto de operaciones sobre el comportamiento privado de funcionarios federales o líderes locales, incluidos periodistas, rectores, sacerdotes, familiares y el presidente Peña Nieto, ha garantizado mantener una línea segura de actividad con miras al proyecto presidencial, mermando la ética, un principio que profesa su partido.
La denuncia presentada ante la PGR, contiene en sí elementos suficientes para llamar al diputado Eukid Castañón, que, por desgracia para él, podría convertirse en un chivo expiatorio del propio ex gobernador, pues varias de las grabaciones le comprometen. A fin de cuentas, Moreno Valle cuenta con la protección presidencial y por supuesto la del presunto Fiscal, Raúl Cervantes a quien apoya en su nombramiento.
Y es que como dice una sentencia del propio Robert Green, resaltada en marcador amarillo en el libro de cabecera: “En un mundo donde la gente sólo tiene dos ojos, el tercero nos da la omniscencia de un dios. Vemos más allá que los demás y vemos más profundamente en su interior. Nadie está a salvo del ojo más que nosotros mismos”.
Vaya pues. El futuro inmediato de Puebla está sufriendo una especie de karma, del “gober precioso” hemos pasado al “gober mafioso”.
O por lo menos, así me lo parece
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