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8 de agosto de 2017

Con Chong pierde el PRI poblano; con Meade o Narro será competitivo



■ CUITLATLÁN.Por Fermín Alejandro García.

La XXII Asamblea Nacional del PRI va a marcar quien es el “tapado” de Los Pinos, es decir quien será el candidato presidencial, aunque la nominación se oficialice hasta finales de este año. Dependiendo quien resulte ser el ungido, se marcará el derrotero del priismo poblano, ya que si el beneficiario por “el dedazo” es Miguel Ángel Osorio Chong, el secretario de Gobernación, todo hace suponer que en Puebla se mantendrán intactos los acuerdos que en los últimos años beneficiaron a Rafael Moreno Valle Rosas y hundieron al tricolor en su peor crisis política.

Si la candidatura del PRI recae en José Antonio Meade Kuribreña o en José Ramón Narro Robles, los titulares de Hacienda y Salud, respectivamente, será difícil que se mantenga la complicidad que ha existido entre la cúpula nacional del priismo y el morenovallismo.

¿Por qué existirían tales diferencias, si al final cualquiera de los aspirantes priistas han sido parte del grupo político del presidente Enrique Peña Nieto, quien dio impunidad y cobijo a Moreno Valle?

La respuesta radica en que Luis Videgaray Caso, el canciller y ex secretario de Hacienda y Crédito Público, fue quien le abrió las puertas a Moreno Valle en el gobierno federal y logró que se convirtiera –en su momento– uno de los gobernadores consentidos, un aliado de facto del priismo.

Sin embargo, quien se encargaba de que los acuerdos se cumplieran era Miguel Ángel Osorio Chong, el secretario de Gobernación, quien desplegó un importante juego político, ya que en algunas ocasiones frenó de tajo los intentos de priistas poblanos de tomar una actitud combativa, crítica, contra el morenovallismo, y por otro, daba cobijo a algunos opositores al gobierno de Moreno Valle.

Luego del presidente Enrique Peña Nieto, se considera que los verdaderos jefes del llamado Grupo Atlacomulco son Luis Videgaray y Miguel Ángel Osorio Chong, y resulta que Moreno Valle se ubica como parte de esa expresión política, dado que su familia ha tenido importantes intereses políticos y económicos con las empresas que se han construido a la sombra de esa facción priista surgida en el estado de México.

Una prueba de lo anterior, es que en el año 2013 el Comité Ejecutivo Nacional del Revolucionario Institucional dio rienda suelta para que el priismo poblano saliera a disputar las alcaldías y diputaciones locales que estuvieron en juego, pero cuando iban a concluir las campañas, la cúpula del tricolor cerró la llegada a Puebla de apoyos económicos, de operadores, de asesoría jurídica y de presencia de la Policía Federal, que se había solicitado para frenar la compra de votos de parte del morenovallismo.

Quien operó el sabotaje del trabajo electoral del PRI poblano fue Ivonne Ortega, la entonces secretaria general del Partido Revolucionario Institucional. Pero quien dio la orden desde lo más alto del gobierno federal, fue Miguel Ángel Osorio Chong, quien de esa manera garantizó que se afianzara la hegemonía política del morenovallismo en Puebla.

En 2016 pasó algo similar, Blanca Alcalá Ruiz fue designada como candidata del PRI a la gubernatura por influencia del líder de los senadores priistas, Emilio Gamboa Patrón, quien le dio todo el respaldo político. Sin embargo, desde la Secretaría de Gobernación no se permitió que nadie en el gobierno federal moviera un dedo para colaborar con la campaña electoral de tricolor en Puebla.

A lo largo de cuatro años en que coincidieron los gobiernos de Peña Nieto y Moreno Valle, una larga lista de empresarios, de priistas, de delegados federales, de alcaldes y líderes de la oposición pasaron por las oficinas del Palacio de Cobián –sede de la Secretaría de Gobernación federal– para exponer abuso y actos ilegales del entonces mandatario poblano. Siempre se les decía que se actuaría contra el titular del Poder Ejecutivo estatal. Con el tiempo todos esos agraviados se dieron cuenta que ocurría lo contrario, desde esas oficinas se frenaba toda intervención contra el huésped de Casa Puebla.

Cuando hace unos días, el ex presidente nacional del PAN Germán Martínez afirmó en un polémico y bien documentado artículo aparecido en Reforma que Moreno Valle es el candidato panista consentido de Enrique Peña Nieto, le faltó agregar que también lo es de Miguel Ángel Osorio Chong y de Luis Videgaray, o mejor dicho, del Grupo Atlacomulco.

Si el candidato presidencial del PRI es José Antonio Meade o José Narro, el partido estará tomando un rumbo importante, porque buscará ganar la elección con un abanderado con un perfil más ciudadano, de mayor apertura democrática y sin la presencia del Grupo Atlacomulco.

El beneficio no solamente será para el PRI nacional, sino también para el priismo poblano, ya que Meade y Narro han tenido una buena relación con Moreno Valle, pero nunca han sido parte de las complicidades que Chong y Videgaray tuvieron –o tienen– con el ex mandatario poblano.

En la posibilidad de que el secretario de Hacienda o de Salud resulte ser el candidato, el PRI tendrá la urgencia de ganar la elección en el estado de Puebla, por ser una de las entidades que más votos aporta en una contienda nacional.

Si Osorio Chong es el abanderado presidencial, seguramente el candidato a la gubernatura de Puebla será Juan Carlos Lastiri, el subsecretario de la Sedatu, quien es un aspirante gris y será idóneo para garantizar una derrota, para que en el estado siga dominando el morenovallismo.

Pero si es Meade o Narro, es probable que el candidato en Puebla será Enrique Doger Guerrero, quien es la carta más competitiva del PRI.
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