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15 de agosto de 2017

Biestro pone en riesgo el triunfo de López Obrador en 2018




■ CUITLATLÁN.Por Fermín Alejandro García.

Gabriel Biestro Medinilla se ha atrincherado en Morena con la intención de conseguir que las principales candidaturas a los cargos de elección popular que estarán en juego en 2018 se queden en manos de un grupo interno y se excluya a todos los aspirantes externos, la cual es una actitud que obstruye no solamente las posibilidades de triunfo de esta fuerza política en el estado, sino que pone en riesgo el tercer intento de Andrés Manuel López Obrador de ganar la presidencia de la República.

Biestro, en su calidad de presidente estatal de Morena, ha desplegado una visión purista de la política en el sentido de defender que las candidaturas de este partido solamente deben ser para los que siempre han sido militantes de dicha fuerza política, sin importar que no tengan el posicionamiento necesario para ser competitivos en una contienda electoral.

Ese modelo ya exhibió su fracaso el año pasado y las siguientes cifras son elocuentes:

Andrés Manuel López Obrador fue el candidato presidencial más votado en Puebla en los comicios federales de 2012, al obtener 860 mil 38 sufragios, por encima de los 855 mil votos que sacó el entonces aspirante del PRI, Enrique Peña Nieto, y los 642 mil sufragios de la panista Josefina Vázquez Mota.

Cuatro año después, cuando ya existía Morena y Gabriel Biestro Medinilla era dirigente de esta fuerza política, el movimiento lopezobradorista se planteó en Puebla la idea purista de que las candidaturas solamente podían ser para los morenistas, lo cual dio por resultado que el entonces aspirante a la gubernatura Abraham Quiroz obtuviera 169 mil 602 votos, quedando en el tercer lugar de la contienda.

Es decir, entre una y otra elección el movimiento lopezobradorista en Puebla perdió 690 mil 436 votos.

El problema de fondo no radica en que sean los militantes de Morena los que ocupen las candidaturas de este partido político, pues es un derecho genuino que tienen los integrantes de esta fuerza política o de cualquier otra.

El meollo de este asunto es que Morena Puebla, sus dirigentes, sus líderes y legisladores no han tenido ni la capacidad ni el interés, en los últimos años, de obtener un buen posicionamiento frente al electorado.

Como fuerza política, Morena nunca fue una oposición de mucho peso ante los excesos, actos de corrupción y violaciones a los derechos humanos que cometió el gobierno de Rafael Moreno Valle Rosas.

Incluso habría que preguntarse si esa ausencia de Morena como fuerza crítica del morenovallismo: ¿fue una actitud de negligencia política o si hubo algún control del gobierno de Moreno Valle sobre esta agrupación política?

Ahora, para que Morena pueda dar la lucha por la gubernatura y la alcaldía de la ciudad de Puebla, las senadurías y las principales diputaciones, debe echar mano de figuras que estén bien posicionadas, que tengan capacidad de debate y confrontación con sus adversarios, y sobre todo, que puedan llegar a sectores del electorado que han sido ajenos a las propuestas de gobierno de esta fuerza política.

Lo que necesita Andrés Manuel López Obrador para no fracasar en su tercer intento de ser presidente de la República, es ganar la elección con un margen amplio de votos que le permita brincar las tentativas de fraude electoral.

Y para conseguirlo requiere que en los estados Morena postule a candidatos que le aporten votos a López Obrador.

En las elecciones de 2006 y 2012, el movimiento lopezobradorista actuó al revés, postuló a malos aspirantes a diputados y senadores, siempre bajo la idea de que la figura de Andrés Manuel López Obrador los iba a hacer ganar. Al final, el resultado global fue dos fracasos de la izquierda por llegar a Los Pinos.

Por eso para el caso de Puebla, la mejor opción para Morena es que los candidatos a gobernador, alcalde de la ciudad de Puebla y senadores, se deben decidir por medio de encuestas para elegir a los aspirantes que sean más competitivos.

Contrario a lo que busca Biestro Medinilla, quien intenta que las principales candidaturas se decidan por consenso del Consejo Estatal de Morena y únicamente sean para los militantes de esta fuerza política.

El esquema Biestro garantiza un fracaso similar al que vivió Morena en 2016 en Puebla y podría ser un factor de derrota –en 2018– de Andrés Manuel López Obrador a nivel nacional, si se toma en cuenta que, en 2006 solamente 250 mil sufragios evitaron que el tabasqueño llegara a Los Pinos.
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