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6 de julio de 2017

RMV va por la toma del PRD, por medio de Carlos Martínez o Jorge Cruz



■ CUITLATLÁN.Por Fermín Alejandro García.

Entre este sábado o la próxima semana se definirán las reglas para renovar las dirigencias nacionales y locales del PRD. Dicho proceso, para el caso de Puebla, significará la mejor oportunidad del grupo del ex gobernador Rafael Moreno Valle de por fin apoderarse del control de este partido. Para ello se perfilan Jorge Benito Cruz Bermúdez y Carlos Martínez Amador como los principales aspirantes a acceder a la presidencia de dicha fuerza política, que se encuentra severamente mermada en su militancia, que en su mayoría está migrando a Morena.

También este proceso de renovación significará acabar con el dominio que durante poco más de 20 años tuvo la corriente del senador Luis Miguel Barbosa Huerta, la cual siempre logró colocar a los dirigentes de este partido, así como a los principales legisladores a nivel local.

Esta posibilidad se da no por el debilitamiento de la corriente de Barbosa Huerta –la cual nunca dejó de ser mayoritaria dentro del PRD–, sino porque ahora todos los esfuerzos del legislador, junto con sus seguidores y operadores, están concentrados en hacer crecer la presencia de Morena en el estado de Puebla. Dicho proyecto ha provocado que se esté literalmente vaciando el Partido de la Revolución Democrática.

De acuerdo a lo que se ha acordado, el Consejo Nacional del PRD deberá sesionar el sábado o la próxima semana para acordar cómo elegir a la nueva dirigencia nacional del partido, lo cual seguramente derivará en métodos similares para renovar varias presidencias estatales de esta fuerza política, entre ellas la de Puebla, cuyo periodo concluye en noviembre próximo.

Hasta ahora el consenso previo que existe entre los líderes de las corrientes es que no hay condiciones para convocar a una votación para encontrar al sustituto o sustituta de Alejandra Barrales Magdaleno, la actual cabeza del Comité Ejecutivo Nacional. El partido no tiene fondos para organizar comicios en todo el país y no puede entrar a los acostumbrados conflictos en que siempre deriva la disputa interna por la presidencia del instituto del sol azteca, ya que el proceso electoral federal está a un paso de arrancar y el PRD necesita de estabilidad institucional.

Por lo que se están planteando dos alternativas: que sea el Consejo Nacional el que elija a la nueva dirigencia y que se decida de acuerdo a la fuerza que cada corriente tenga en ese órgano de gobierno, o que se haga una prórroga del periodo de los actuales responsables de los comités ejecutivos hasta que concluya el proceso electoral de 2018.

La segunda de estas opciones sería un duro revés para los morenovallistas, pues seguiría al frente del PRD poblano Socorro Quezada Tiempo, una mujer opositora a los intereses del ex gobernador Rafael Moreno Valle Rosas, que representa a la verdadera militancia perredista y que ha resistido varios esfuerzos de cuartear su dirigencia, logrando siempre salir a flote.

Quezada significaría un fuerte obstáculo del morenovallismo de convertir al PRD en una franquicia de uso exclusivo para los intereses de Rafael Moreno Valle Rosas, quien busca que este partido sea el respaldo para crear una coalición de partidos en torno a la posibilidad de que su esposa Martha Erika Alonso Hidalgo contienda el próximo año por la gubernatura de Puebla.

En cambio, si corresponde al Consejo Estatal del PRD elegir al nuevo dirigente los morenovallistas no tendrán mayor problema para apoderarse, por lo menos, de la presidencia del partido y la mayoría de los puestos del Comité Ejecutivo Estatal, ya que la secretaría general por lo general se otorga a la segunda corriente con más fuerza electoral.

Los morenovallistas, que son dirigidos por el legislador y ex secretario general de Gobierno, Luis Maldonado Venegas, actualmente tienen de su lado al 50 por ciento de los aproximadamente 150 integrantes del Consejo Estatal.

La otra mitad la tienen seis corrientes tradicionales del partido en Puebla y que siguen conservando un importante peso entre la militancia perredista.

Aunque parezca empatada la correlación de fuerzas, esto no es así, ya que los neoperredistas, es decir la gente de Luis Maldonado tienen de su lado el poder corruptor del dinero y de ofrecer puestos de trabajo en el gobierno del estado a cambio de que les ofrezcan apoyo incondicional los miembros del partido que se dejan comprar.

Por ejemplo, el año pasado unos 30 integrantes del Consejo Estatal se pasaron del lado de la corriente Nueva Izquierda, que es la de los morenovallistas, porque les ofrecieron trabajo en el servicios público. A algunos de ellos los colocaron como jueces del registro civil, con salarios de 15 mil pesos quincenales. Esas prebendas se otorgaron para que el PRD aceptara hacer una alianza electoral con el PAN, proyecto que fracasó porque todavía estaban en el partido los miembros del Frente de Izquierda Progresista, que es el grupo de Luis Miguel Barbosa Huerta, que impidió el amasiato del instituto del sol azteca con el albiazul.

Ahora nada le impide a Nueva Izquierda poder ampliar su ventaja en el Consejo Estatal para que el siguiente presidente del partido sea Carlos Martínez Amador, el actual director del Colegio de Bachilleres, o Jorge Benito Cruz Bermúdez, quien es el titular del organismo dedicado a la construcción de espacios educativos.

Ambos son personajes ajenos a la doctrina política del Partido de la Revolución Democrática. A los militantes y causas de este partido. Son políticos arribistas que lo mismo pueden estar en el Partido Revolucionario Institucional, el Partido Acción Nacional o el Panal. No tienen lealtades ni compromisos sociales. Su objetivo va a ser utilizar las siglas del Partido de la Revolución Democrática para representar una falsa pluralidad morenovallista.
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