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2 de julio de 2017

Meade, el eterno intermediario Por Valentín Varillas



Eran mediados del 2010.

La catástrofe electoral priista se había consumado en Puebla y un gobierno en teoría distinto a los que emanaban del tricolor se preparaba para instalar sus reales en la entidad.

Los saldos de la batalla estaban aún frescos.


En el búnker de Rafael Moreno Valle, operadores, estrategas y asesores de lo más diverso, se dedicaban de tiempo completo a revisar una larga lista de nombres, con el objetivo de definir quiénes serían los aliados y los enemigos con los que coexistirían a lo largo del sexenio.


En la lista de los detractores, aparecía en primerísimo lugar Jorge Estefan Chidiac.

A pesar de la existencia de amarres políticos anteriores y de la vigencia de cercanísimos lazos familiares con el hoy gobernador Tony Gali, quien en ese tiempo ocupaba un lugar de privilegio en el primer círculo del ya mandatario electo, Estefan decidió jugar el papel del principal y más férreo crítico de la campaña.

Sus cuestionamientos al manejo de los recursos del erario estatal cuando Moreno Valle era Secretario de Finanzas en tiempos de Melquiades Morales, calaron hondo en el ánimo del novel panista.

Tampoco ayudaron las suposiciones de enriquecimiento personal a su paso por el servicio público poblano.

Así, Charbel pasó a ser “intransitable” para el nuevo régimen.



Varios fueron los personajes que, de un lado y del otro, se ofrecieron como intermediarios.

Algunos argumentaban que la guerra había terminado y que era sano el buscar cerrar las heridas.

Que de no hacerlo, los saldos en lo político y en lo personal podían ocasionar daños irreparables.

Hubo quienes fracasaron rotundamente en el intento.

Otros, se apuntaron modestos éxitos que en los hechos no alcanzaron para amarrar el acercamiento.

Así fue como entró en escena José Antonio Meade.

Había llegado el 2011 y acababa de ser nombrado Secretario de Energía del gobierno de Felipe Calderón.

Con Estefan había podido lograr una entrañable amistad desde el 2008, cuando el poblano presidió la Comisión de Hacienda de la Cámara de Diputados y el hoy titular de la SHCP se desempeñaba como subsecretario de ingresos de la misma dependencia.

Con personajes de amplísima confianza e influencia en el ánimo de Rafael, Meade tenia la misma cercanía.

“El perfecto mediador”.

El tema tardó en cocinarse.

Ayudó el hecho de que Meade fuera nombrado a finales del año siguiente como Secretario de Relaciones Exteriores del nuevo gobierno federal, el del priista Enrique Peña Nieto.

También abonó y mucho, el que Meade haya intercedido por Moreno Valle ante el nuevo presidente, que al principio del actual sexenio no lo quería ni tantito.

Un escenario de ganar-ganar.

Fue ya en el 2013 cuando se dio el acercamiento.

Un par de operadores de probada eficacia, quedaron como garantes de los acuerdos.
La primera prueba de fuego fue la coyuntura electoral de ese año.

Gali, el concuño de Estefan, sería el candidato a la alcaldía, posición clave para repetir en la gubernatura tres años después.

El priista cumplió.

A pesar del compromiso con su partido, estuvo prácticamente ausente de la aparente madriza política.
Aparente, porque con el paso del tiempo a quedado cada vez más clara la manera en la que se negociaron las principales posiciones políticas del estado en aquella elección.

Y así transitaron sin problemas hasta el 2016.

En marzo de ese año, Estefan fue nombrado líder estatal del PRI poblano.

Juran los enterados que él mismo fue quien pidió la posición, a pesar de saber perfectamente las consecuencias que traería en términos de los acuerdos con el morenovallismo.

Así fue como la guerra revivió.

Y los acuerdos se rompieron.

Saben los que poseen información privilegiada, que el interés económico fue un gran motivador para no respetar los acuerdos.

Que una retórica frontal contra Moreno Valle y su grupo, además contra el candidato y su familia, convencería a los indecisos y maximizaría la cantidad de dinero que ingresa a las campañas por debajo del agua.

La apuesta resultó.

261 millones de razones que no se destinaron al trabajo político a favor de la candidata del PRI, pero que todos saben dónde fueron a parar.

Y otra vez, llegó la enemistad.

Una enemistad que, en la coyuntura del 2018 y con la obsesión de trabajar conjuntamente para evitar que Morena obtenga sendos triunfos a nivel federal y en el estado de Puebla, podría durar muy poco.
Ya trabajan en ello interlocutores como el propio Meade, otra vez.

Sin embargo, la duda sobre una nueva traición quita confianza.

Y es que, ya se sabe, Don Dinero es todopoderoso y puede más que cualquier pacto, aunque sea de sangre.

También la locura que da el fracaso sistemático y la constante falta de poder.

Acercamientos vueltos propaganda con quienes han mutado ya de aliados a enemigos, no ayudan al inicio de un nuevo entendimiento.

Es la necedad de no querer asimilar los nuevos tiempos, la nueva correlación de fuerzas y actuar en consecuencia.

Meade, tiene una tarea titánica por delante.



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