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5 de julio de 2017

Lucero y los gobernadores Por Valentín Varillas



Leo con atención la columna que hace un par de días publicó en este medio mi querido amigo Rodolfo Rivera Pacheco sobre Jaime Lucero y me encuentro con una línea que me llama de sobremanera la atención.

Aquella en donde asegura que el poblano “jamás le ha pedido nada a los gobernadores”.

Ocioso como soy, repaso mis archivos y me encuentro con auténticas joyas que dejan sin efecto tan contundente afirmación.

Por ejemplo, en el sexenio de Melquiades Morales, Lucero recibió beneficios concretos como la entrega de terrenos en la comunidad de El Seco, en donde montó una de las más grandes e importantes maquiladoras textiles que operaron en esos años en territorio poblano.

Es evidente que el esquema generó beneficios mutuos al impulsar la actividad económica y la inversión productiva del estado, pero para amarrar la entrega, hubo peticiones concretas por parte del empresario y sus operadores

Famosas se hicieron las encerronas en donde por horas se afinaban los detalles de la donación de los terrenos.

Éstas se llevaban a cabo en la oficina del entonces Secretario de Finanzas estatal, Rafael Moreno Valle Rosas, quien era el encargado formal de operar el programa de apoyo a empresarios y participaban el propio Lucero o alguno de sus hermanos.

Plazos, condiciones, extensiones y compromisos de inversión fueron así negociados.

El tema caminó sin problema alguno, de una manera atípicamente tersa, a diferencia de lo que pasó con otros casos en donde empresarios con méritos suficientes para recibir beneficios similares fueron rechazados de manera fulminante.

A cambio, Lucero se convirtió en uno de los principales propagandistas de la administración de Melquiades en Nueva York, Nueva Jersey y Connecticut, sus áreas de mayor influencia y recibió el monopolio de la intermediación única del gobierno con los poblanos que vivían en esa zona de la Unión Americana, opacando a otros líderes importantes como Félix Sánchez o Manuel Guerrero.



El sector migrante es muy bien cotizado en el mundo de la política, ya que quienes salen a buscar el famoso “sueño americano” se convierten en figuras de altísima influencia en sus comunidades por ser el principal sostén económico de las mismas.

Melquiades refrendó su confianza en Lucero al convertirlo, en 1999, en fundador del fallido esquema de Casa Puebla-Nueva York.

Las representaciones del gobierno de Puebla en comunidades tradicionalmente receptoras de migrantes no han sido más que rotundos fracasos.

En la totalidad de los casos, no fueron más que cómodos destierros que les permitieron a oscuros personajes vivir de los beneficios que conlleva el pertenecer a lo más granado de la dorada burocracia estatal.

Y así transitó aquel sexenio.

Los problemas comenzaron con la llegada de Mario Marín, quien no quiso mantener el esquema de beneficios de su antecesor, a pesar de las peticiones recurrentes y sistemáticas del empresario.

Marín buscó otros interlocutores con los poblanos radicados en la Costa Este de los Estados Unidos y así afectó el poder absoluto del que gozó Lucero al grado de que se vio obligado a formar su propia organización: Mixteca Organization Inc, en un intento desesperado por mantener su influencia.

La ruptura permaneció irreparable, hasta que Lucero vio en Moreno Valle la luz al final del túnel, la oportunidad de regresar a disfrutar las mieles que da la cercanía con el poder.

En la campaña del 2010, el entonces candidato opositor al marinismo sostuvo varias reuniones en donde se pactó el apoyo de Mixteca Org. Inc. a la oferta política de quien sacaría al PRI de Casa Puebla.

En plena lucha por el voto, Lucero se subió a la madriza mediática en contra de Marín Torres, eje central de la estrategia de campaña de Rafael:

“El gobernador Mario Marín nos visitó cuando era candidato, ya como Gobernador nunca tuvo el tiempo para venir a Mixteca Org.”

“Sí ha venido a Nueva York, pero no fuimos lo suficientemente importantes como para merecer su visita. Algunas veces los secretarios han venido, y otras veces tenemos que firmar acuerdos en lugares públicos por no haber tiempo para venir a la organización”.

Paralelamente, Moreno Valle fue fundamental para que la organización recibiera apoyos del gobierno federal que encabezaba Felipe Calderón.

Pocos días después, ahí mismo, en Nueva York, Lucero recibió un espaldarazo público de Margarita Zavala, con la que se reunió en presencia de varios medios de comunicación y reconoció en declaraciones el “gran trabajo realizado a favor de los migrantes”.

En esa ocasión, Lucero también aprovechó los reflectores para pegarle a Marín:

“Estoy muy contento que la primera dama de México sí le haya interesado conocer el trabajo de Mixteca Organization Inc, y que haya valorado nuestro trabajo.” “Desgraciadamente no puedo decir lo mismo del Gobierno de Puebla.”

Poco después ganó Rafael y regresó el poder absoluto para Jaime.

Poder total, muy congruente con el estilo de gobierno que se vivió en el sexenio anterior.

Arrebató, por ejemplo, los festejos guadalupanos a la Asociación Tepeyac, quien por décadas coordinó el recorrido de la Antorcha Guadalupana desde Puebla hasta la Catedral de San Patricio.

El empoderamiento continúa, ahora en la coyuntura del proceso electoral 2018 en donde pretende ser un factor de influencia en la elección de los distintos cargos que estarán en juego el año próximo.

Todo lo anterior, no le quita ningún mérito a Jaime Lucero como empresario exitoso.

Sin embargo, su cercanía con gobernadores y otras figuras de poder –a los que teoría jamás les ha pedido nada- le han servido para gozar de la amplísima influencia que todavía tiene entre los poblanos que viven en los Estados Unidos y que, de otra forma, jamás hubiera logrado tener.



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