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1 de junio de 2017

Usan sala hemodinámica del Hospital General Sur para operaciones privadas


■ CUITLATLÁN.Por Fermín Alejandro García.

Si en el actual gobierno estatal se quiere combatir realmente la corrupción, se tiene necesariamente que investigar lo que está pasando en torno a la sala de hemodinámica del Hospital General Sur de la ciudad de Puebla, ya que cuentan trabajadores de la Secretaría de Salud (Ssa) que ha surgido, desde hace seis años, un jugoso negocio en el cual se combina el tráfico de insumos –que tienen costos monumentales– y el dar atención a enfermos del sector privado en instalaciones públicas, a cambio de ganancias de varios millones de pesos. Ello ocurre con una amplia red de cómplices y protectores del más alto nivel de la Ssa.

Son varias las formas como se abusa de esta sala hemodinámica –que en el sexenio de Melquiades Morales Flores costó 110 millones de pesos–, siendo la principal que a enfermos que acuden a médicos privados los acaban tratando en esas instalaciones, a quienes introducen de contrabando y cobrándoles la mitad del costo, pero utilizando los onerosos insumos que se pagan con fondos de la Secretaría de Salud.

Un grupo de médicos bien informados elaboraron un documento en el cual narran lo siguiente:

Durante el gobierno de Melquiades Morales Flores había un prestigiado hemodinamista llamado Carlos Javier González Álvarez que peleó ante las instancias de la Ssa para que, con la ayuda de la Fundación Gonzalo Río Arronte, se construyera en Puebla la primera sala hemodinámica en un hospital del sector público del estado. Es ahí donde tratan a los enfermos con arterías del corazón que están obstruidas.

El costo de esas instalaciones fue de 110 millones de pesos, que en su momento era el área más cara de los nosocomios de la Secretaría de Salud en la entidad.

Los problemas empezaron cuando inició el gobierno de Rafael Moreno Valle Rosas y llegó a la titularidad de la Ssa Jorge Aguilar Chedraui, ya que se distorsionó el sentido de tener una sala hemodinámica para aquellos pacientes que no pueden pagar cantidades superiores a los 100 mil pesos para resolver un problema cardiaco.

Para empezar corrieron al médico Carlos Javier González Álvarez, el gestor de la sala en cuestión y quien era el responsable de la jefatura de hemodinámica, cargo que recayó en Juan Carlos Pérez Alva, a quien acusan de solapar todos los vicios que ahí se cometen.

Todo inició cuando un alto funcionario de la Ssa de Puebla fue invitado a un viaje a Europa para conocer una empresa proveedora de insumos para salas hemodinámicas y entonces en dicha dependencia se dieron cuenta de los negocios que se pueden hacer.

Se dice que operan del siguiente modo:

En un hospital privado cuesta entre 100 y 150 mil pesos colocarle un stent a un paciente, que es un catéter para destapar arterias del corazón. Ese monto no incluye los honorarios de los médicos.

Cuando un paciente dice no tener toda la cantidad de dinero que requiere esa atención médica, entonces le ofrecen que por 50 mil pesos les colocan el stent pero en la sala de hemodinámica del Hospital General Sur.

Para que nadie sospeche, al paciente lo llevan en una ambulancia de SUMA, para aparentar que arribó al nosocomio como parte de una llamada de emergencia.

Luego lo dan de alta en el Seguro Popular, para que se justifique que no le cobren nada por parte del nosocomio.

Al final operan al paciente con insumos que compra la Ssa y por afuera del hospital le cobran altas sumas de dinero. Los involucrados ganan mucho sin poner un peso de inversión.

Otra forma de operar es que cuando a la sala entran pacientes que sí tenían de origen Seguro Popular, les hacen diagnósticos de que necesitan hasta cinco stents, que de manera global cuestan 600 mil pesos. Al final solamente utilizan dos o tres, y el resto de esos insumos los comercializan en la medicina privada.

Cuando un paciente necesita válvulas cardiacas le informan que el Seguro Popular no cubre la colocación de esos artefactos, lo cual es real, pero les ofrecen a los pacientes que por afuera les pueden conseguir esos artículos, con un costo que va de los 50 mil a los 70 mil pesos, y que se los pueden poner en la sala de hemodinámica del Hospital General del Sur.

Al final hay un doble engaño, porque en muchas ocasiones no colocan las válvulas cardiacas, sino les ponen stents, que son proporcionados por la Ssa y por tanto era mentira que los insumos los compraron de manera privada.

Este tipo de estafas pasan casi todos los días.

Habrá que imaginarse cuánto dejó de ganancias si dichos vicios se han reproducido, sin ningún freno, en los últimos seis años.

La información sobre las prácticas de corrupción de funcionarios de la Ssa, médicos y proveedores en torno a la sala hemodinámica es mucha. Ya en otras entregas iré contando otros muchos escándalos de corrupción.
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