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8 de junio de 2017

Trabajadores despedidos del gobierno descubren a su líder vendiendo el movimiento




■ CUITLATLÁN.Por Fermín Alejandro García.

La lucha de entre dos y tres años que han librado miles de trabajadores despedidos –en su mayoría injustificadamente– del gobierno del estado de Puebla parece ser un martirio sin fin, ya que no solamente enfrentan la imposibilidad de resolver su situación por la vía jurídica, sino ahora resulta que han descubierto que algunos de sus líderes están actuando como testaferros de la parte patronal. Tal es el caso de Marco Antonio Manzano, que ha buscado que varios de los rescindidos acepten una parte mínima del resarcimiento económico al que tienen derecho.

Mediante una serie de trampas funcionarios del Poder Ejecutivo han iniciado un ofrecimiento masivo de liquidaciones de los trabajadores rescindidos, como una manera de que se desistan de seguir reclamando su reinstalación y pago de salarios caídos, que equivale globalmente a cifras de más de ocho ceros y que provocaría una grave sangría económica para el Poder Ejecutivo, como parte de un conflicto heredado de manera autoritaria por el ex gobernador Rafael Moreno Valle Rosas.

Los miles de trabajadores que decidieron emprender juicios laborales se acabaron agrupando en dos bloques de demandantes, los cuales son encabezados por Marco Antonio Manzano Ramírez y Martha Rodríguez Salinas, pese a que comparten –en muchos casos– los mismos abogados defensores, aunque con estrategias de lucha y de negociación diferentes.

Un importante grupo de trabajadores encabezado por Marco Antonio Manzano, quien es líder de la facción más grande de rescindidos, realizó este miércoles una movilización más para exigir al Poder Ejecutivo se atienda sus demandas.

Sorpresivamente la protesta frente al Centro Integral de Servicios, ubicado en la Vía Atlixcayótl, ahora sí generó la atención de funcionarios del gobierno y en unos minutos se aceptó una mesa de dialogo.

La sorpresa creció más cuando apareció el representante de un alto funcionario del gobierno del estado de Puebla y con mucha seguridad, buscando imprimir exceso de optimismo a sus palabras, les dijo algo así: “Ya no tienen que seguir protestando, ni seguir esperando, ya está lista la solución a sus demandas. Ahora mismo ya podemos firmar”.

En un principio ese ofrecimiento sedujo a los presentes, ya que para muchos era un anuncio que podía poner fin a una prolongada lucha, a los largos meses sin tener ingresos económicos fijos, a dar fin a esa constante sensación de que no había una salida a sus problemas.

Esa expectativa se desvaneció cuando el mismo funcionario dijo: “Ya están imprimiendo los cheques de sus liquidaciones para que los firmen”, palabras más, palabras menos.

La palabra “cheque” hizo que la alegría asomara en los rostros de muchos de los rescindidos. Sin embargo, los que entendieron la trampa empezaron a advertir que eso no era un beneficio, sino un retroceso. La lucha es por la reinstalación laboral y el pago de salarios caídos, no por una liquidación que es un monto muy inferior económicamente hablando y un beneficio social menor a los derechos que están reclamando.

El desconcierto, el enojo, la decepción, la ira, se fueron apoderando de la mayoría de los asistentes al encuentro al percibir que ni remotamente eso arreglaba la crisis económica a la que entraron como consecuencia de los despidos ordenados por Rafael Moreno Valle Rosas contra miles de trabajadores, cuya única falta era que habían sido parte de anteriores administraciones estatales.

Para muchos de los asistentes no resultaba sorpresivo que, por enésima vez, los intentaran acallar con un plato de lentejas. Sino su desconcierto vino cuando la mayoría decidió levantarse de la mesa, menos una persona: Marco Antonio Manzano, quien hizo esfuerzo por persuadirlos de que era una buena opción lo que les ofrecían en ese momento al movimiento de trabadores rescindidos.

Marco Antonio Manzano intentó calmar los ánimos de inconformidad cuando dijo: “Yo me quedo; yo si firmo”, según narraron algunos testigos.

Cuando se percataron de esa actitud, de inmediato surgieron una lista de acusaciones, dijeron que el líder del movimiento sabía lo que iba a pasar, intentó hacerlos aceptar la propuesta oficial, parece estar en contubernio con el gobierno y no con sus representados.

Manzano es un trabajador jubilado del gobierno del estado, que lo obligaron a retirarse del servicio activo cuando quiso contender por la secretaría general del Sindicato de Burócratas y suceder en el puesto a Héctor Posadas, como parte de la estrategia que emprendió el gobierno del estado para debilitar a dicha organización gremial y no fuera un obstáculo en el proceso de despedir a más de 10 mil trabajadores.

Dicho personaje se volvió dirigente de cientos de rescindidos porque sufrió el despido de dos de sus hijos que laboraban en el gobierno del estado.

Se dice que el próximo domingo, en el Parque Juárez, habrá una asamblea de los trabajadores rescindidos para desconocer la representación de Marco Antonio Manzano.

Y con ello mandar el mensaje al gobierno del estado de que la lucha por sus derechos laborales no ha terminado.
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