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14 de junio de 2017

Moreno Valle-Chedraoui: encuentros y desencuentros Por Valentín Varillas



“Es intransitable”- contestó contundente el arzobispo Antonio Chedraoui al primer enviado de Rafael Moreno Valle que intentó interceder por él para buscar un acercamiento.


Fue a mediados del 2010, cuando estaba todavía fresco el triunfo del “panista” y la consecuente derrota del marinismo, clase política con la que el jerarca de la Iglesia Ortodoxa tejió amistades muy cercanas y a la que cobijó sin miramientos.


Como Secretario de Finanzas del gobierno de Melquiades, Moreno Valle fue un invitado permanente a las faraónicas y grillísimas comidas con las que, el famoso Sayedna, mostraba la enorme influencia que tenía sobre lo más granado de las clases política y empresarial del país.

Así fue, hasta el quinto informe de gobierno de Morales Flores, al que el arzobispo acudió –como era ya costumbre- como invitado especial.

En el evento, juran los enterados, el entonces joven político poblano le hizo un desplante a Chedraoui, lo que marcó el tono de su relación para los próximos años: frío glaciar.



No se sabe a ciencia cierta qué pasó.

Es más, de un lado y del otro hubo un fuerte hermetismo que se mantiene hasta la fecha.

Nadie quiso en su momento, ni quiere actualmente hablar de los detalles del desencuentro.

Melquiades supo del tema e intentó arreglarlo.

Pidió clemencia para el ahijado político alegando juventud, inexperiencia y hasta desconocimiento de los protocolos básicos que normaban la relación de Chedraoui con políticos y servidores públicos.

No sirvió de nada.

Tampoco Rafael mostró en ese tiempo mucho interés en recomponer la relación.

En la coyuntura del 2010, el arzobispo apoyó al marinismo en su intentona de mantener el poder en Puebla, aun con el tufo de la negociación Marín-Calderón, la que en teoría le entregó el poder a la oposición priista a cambio de la libertad del hoy ex – gobernador.

También, a pesar de que aliados cercanos a él, como Elba Esther Gordillo y Luis Maldonado, se la jugaron con todo a favor de la alianza morenovallista que a la postre triunfaría por amplio margen.

Nada cambió, excepto por las voces que le aconsejaban al ya mandatario poblano arreglar el tema, máxime si había un proyecto presidencial que operar.

Como le comentaba líneas arriba, el primer interlocutor fracasó de manera rotunda.

Pero entraron en escena otros, de mayor peso político y mejor posicionados en el ánimo y los quereres del jerarca eclesiástico.

Uno de ellos fue la propia Elba Esther, hasta que tuvo que enfrentar problemas de mucho mayor importancia para ella.

Otro, Luis Maldonado Venegas, entonces Secretario de Educación Pública del gobierno del estado de Puebla.

El hoy perredista, de orígenes priista y pasado convergente, insistió una, otra y otra vez, con personajes cercanos a ambos, hasta que por fin logró su objetivo.

Sí, es a Maldonado Venegas a quien le atribuyen el arreglo de la relación Moreno Valle-Chedraoui Tannus y el regreso del poblano a las comilonas cumpleañeras a partir del 2015.

Sin embargo, otras coyunturas e intereses abonaron a la reconciliación.

Tuvo mucho que ver en esta historia el acercamiento entre Peña y Rafael y el establecimiento de importantes acuerdos de interés mutuo, además de la intervención de personajes cercanos al presidente y de peso específico importante en el organigrama del gobierno federal.

Al momento de la muerte del arzobispo, la relación pasaba por su mejor momento.

Tal vez, en la lógica del establecimiento de un gran frente común para evitar que López Obrador llegue a la presidencia –algo que Chedraoui apoyaría completamente-, Moreno Valle ha perdido un potencial aliado que le hubiera sido muy útil en la negociación de su futuro político.

Cualquiera que este sea.


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