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13 de junio de 2017

Meade y RMV; en el corazón de Peña. Por Valentín Varillas



Si dependiera únicamente del presidente Peña y otros factores importantes no tuvieran un peso específico real en la decisión final, José Antonio Meade y Rafael Moreno Valle serían los candidatos del PRI y del PAN para la elección del próximo año.

Con ambos, los intereses políticos del actual grupo en el poder estarían a salvaguarda, y la impunidad de quienes hoy nos gobiernan, garantizada al cien.

Los dos tienen la posibilidad de tender puentes importantes de comunicación y entendimiento con otras fuerzas políticas más allá de su partido, lo que facilita llegar a cumplir con el objetivo común prioritario: impedir a como dé lugar el triunfo de López Obrador.

De concretarse este escenario, no sería la primera vez que Moreno Valle y Meade cierran filas para resolver una coyuntura política específica.

Cuentan los enterados que después de la victoria de Peña Nieto en el 2012, el entonces gobernador de Puebla no era bien visto por quienes habían regresado ya al PRI a Los Pinos.

Al contrario.

En la determinación de aliados y enemigos, el peñismo tenía ubicado a Rafael en un lugar de privilegio dentro de los segundos.

Hay que recordar que, a pesar del alcance de los pactos y amarres hechos entre ambos, el morenovallismo no pudo hacer ganar al priista en Puebla, habiendo trascendido también que parte de sus incondicionales habían operado a favor de Andrés Manuel, el candidato que mayor número de votos obtuvo en el estado en aquella elección.

Tampoco ayudaba en ese tiempo la cercanía política de Moreno Valle con Elba Esther Gordillo, cuyo destino ya había sido definido y quien sería sacrificada y expuesta en la plaza pública como nuevo arquetipo de la corrupción nacional.

Cuando el entonces gobernador “sondeó” cómo estaba su relación con el nuevo jefe del ejecutivo federal, le plantearon el oscuro escenario.

Entonces, echó mano de Meade.



Apelando a una amistad de años y en el contexto de su inminente designación como miembro del gabinete de Peña, le pidió que intercediera para intentar mejorar la relación.

El peor infierno imaginable para el poblano, hubiera sido un enfrentamiento con el presidente, con apenas un año cumplido en la gubernatura y en el contexto de las enormes expectativas que generó su triunfo en el 2010.

La labor llevó tiempo pero fue muy eficaz.

“Pruebas de amor”-pidió el presidente.

Y se las dieron de inmediato.

La presión de Moreno Valle para que el PAN no abandonara el Pacto por México en plena discusión legislativa de las reformas estructurales impulsadas por Peña, fue una de las primeras.

Después, ya como presidente de la CONAGO, el llamado constante al resto de los mandatarios estatales para dejar a un lado posiciones de tipo político y apoyarlas “por el bien de México”.

Ta vez la mayor prueba de amor fue haberle dado a los socios y amigos de Peña, los mejores y más rentables negocios que pueden hacerse al amparo del poder estatal.

Y fue así, gracias a Meade, como Peña se hizo de un valioso apoyo que le sumó mucho más que cualquier gobernador emanado de las filas del PRI.

Hoy, otra vez, ambos personajes podrían ser parte fundamental de una estrategia conjunta que pretende salvar a aliados mutuos, en el momento más complicado de sus respectivas vidas públicas.

Dice la sabiduría popular que “favor con favor se paga”.

A ver si les alcanza.



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