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20 de junio de 2017

La corrupción en Obras: lo que sí sabía Rivera Por Valentín Varillas


Tiene razón el ex – alcalde de Puebla, Eduardo Rivera Pérez, cuando culpa a su Secretario de Gestión Urbana y Obra Pública, Felipe Velázquez, de actos de corrupción cometidos a su paso por el servicio público municipal


Lo que no dice el panista, es que él sabia perfectamente lo que estaba sucediendo en esa dependencia.


El tema era de dominio público, ni siquiera un secreto a voces.

Es más, en este espacio se publicaron varias columnas denunciando lo anterior.

Si el alcalde leía los medios o por lo menos las síntesis de prensa, tuvo manera de enterarse del auténtico cochinero que reinaba en una de las áreas prioritarias de su gobierno.

Nada dijo.

Nada objetó.

Hasta ahora.

Un ejemplo claro, contundente de lo anterior, salió a la luz el 25 de octubre de 2013, cuando Rivera seguía siendo presidente municipal de la capital.

En aquella columna, existen párrafos demoledores que exponen con toda crudeza el foco de corrupción y las prácticas poco éticas de uno de sus colaboradores más cercanos.

La comparto con usted:



“La corrupción en Obras; lo que “no sabe” Rivera

“Ahora que la publicidad oficial del Ayuntamiento de Puebla vende con bombo y platillo las obras de pavimentación con concreto hidráulico que realizan como cierre con “broche de oro” de la actual administración, sería sano que los ciudadanos conociéramos también la estela de corrupción y malos manejos que ha dejado en casi tres años el manejo de la obra pública municipal.

“Me parece que más que una graciosa concesión gubernamental, conocer lo anterior es un derecho ciudadano ya que al final de cuentas somos nosotros quienes lo financiamos con nuestro impuestos y son los funcionarios públicos quienes se enriquecen con nuestro dinero.

“A partir de la llegada de Felipe Velázquez Gutiérrez a la Secretaria de Obras Públicas del Ayuntamiento de Puebla, al inicio del trienio, se hizo evidente que la cruzada anti-corrupción emprendida por el alcalde Rivera fracasaría estrepitosamente y quedaría para el recuerdo simple y llanamente como un romántico elemento decorativo del discurso oficial.

“La sorprendente salida de Ignacio Acevedo de la dependencia, apenas dos meses después de haber sido designado por el edil como “el perfil ideal para llevar a buen puerto el ambicioso (sic) programa de obra pública del ayuntamiento de Puebla”, era un indicador claro de que en este gobierno, como en todos los anteriores, los contratos de obra pública y el otorgamiento de licencias y permisos de construcción iban a ser sinónimo de corrupción y jugosos negocios al amparo del poder.

“Quien designó a Velázquez para el cargo lo tendría que haber sabido de antemano.

“La estela de corrupción y desaseo que dejó a su paso como Secretario de Obras públicas de San Andrés, en los oscuros tiempos de David Cuautli, era su principal carta de presentación.

“Extorsión a constructores para conseguir permisos de construcción, tolerancia a violaciones flagrantes de leyes, reglamentos y normas vigentes fueron la constante.

“Como nunca, en el municipio conurbado se establecieron desarrollos inmobiliarios irregulares.

“El modelo se implementó con mucho éxito en la capital.

“Para lograrlo, Velázquez necesitaba un cómplice.

“Alguien que también conociera con maestría las sucias artes de enriquecerse en el servicio público.

“Aquí es en donde Miguel Ángel Macip Molina entra en escena.

“Al principio del trienio se desempeñaba como subdirector de obras, pero cuando Velázquez es nombrado secretario, mueve cielo, mar y tierra para desbancar a Rodolfo Rondero Pacheco y disputarle, vía Macip, el control absoluto de los contratos de obra pública.

“Este personaje, al igual que Velázquez, fue Secretario de Obras Públicas en San Andrés y también fue pieza fundamental en el diseño y operación de la red de corrupción que hasta la fecha opera en ese municipio.

Macip es quien se ensucia las manos.

“Trata directamente con los constructores y fija la comisión a cobrar: 13, 15 y hasta 18%, según la empresa, el tamaño del contrato y la necesidad de trabajo del constructor.

“Pacta siempre el pago de la comisión por adelantado, aunque el contrato no haya sido siquiera asignado, situación que ha enojado a algunos empresarios que pagaron y jamás recibieron la obra prometida.

“Velázquez se aparece únicamente en casos “especiales”, los de mucho dinero o los de auténtica emergencia; es decir, cuando hay atrasos o se complica el pago de la dádiva.

“El tema no sorprende pero sí contrasta con el discurso de honestidad que ha ensayado el alcalde Rivera desde que tomó posesión del cargo.

“¿Lo sabe Rivera y lo tolera?

“¿Lo sabe y nada puede hacer?

“¿Lo desconoce totalmente y vive en el País de las Maravillas?”

Si bien estas actividades no quedaron reflejadas en documento alguno, ni forman parte oficial de las observaciones hechas por la Auditoría del Estado, son reveladoras en términos del comportamiento corrupto de personajes de primer nivel de aquella administración y de lo que fueron capaces de hacer en el otorgamiento, desarrollo y conclusión de los contratos de obra pública prioritarios en ese trienio.



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